EL MAESTRO COMO FORMADOR Y CULTOR DE LA VIDA
Por: NELSON HURTADO RAMIREZ
Supervisor de Educación Departamental
“Si tu corazón late más aprisa viendo a tus alumnos.
Si cada persona es para ti un ser que se debe cultivar.
Si sabes volver a estudiar lo que creías saber.
Si tu vida es lección y tu palabra silencio,
Entonces. . . tú eres MAESTRO.”
Rabindranath Tagore
(Hindú)
El presente artículo, describe y reflexiona sobre el proceso histórico del quehacer pedagógico y los aspectos fundamentales del maestro como formador y cultor de vida, desde la antigüedad hasta los albores del siglo XXI. El maestro auténtico posee unas características esenciales que lo distinguen como líder, formador y forjador de personas, potenciador de saberes y valores que coadyuvan al desarrollo humano. No sólo enseña contenidos e instruye sino que educa con las actitudes y ejemplos de vida.
Se presentan aquí las cualidades del maestro integral en que se conjugan el conocimiento científico, las virtudes intelectuales, el sentido humanista, la visión prospectiva, creadora y transformadora, la defensa de la verdad y de la vida, el cultivo de los valores éticos, la edificación innovadora de la cultura y el compromiso permanente de educar para la libertad.
Es claro que esta visión del educador ha evolucionado en torno a lo que es y debería ser el docente, hombre y mujer, como formador, facilitador del conocimiento, transformador cultural y social. A esta concepción se asocian figuras de insignes protagonistas de la humanidad como Homero, Isócrates, Sócrates, Platón, Aristóteles, Agustín de Hipona, Tomás de Aquino, Alberto Magno, Kant, Descartes, Hegel, Teresa de Jesús, María Montessori, Soledad Acosta de Samper, Gabriela Mistral, entre otros, quienes con su pensamiento y su lucha infatigable por la búsqueda de la verdad han señalado las guías o directrices conducentes a la meta de una vida mejor. Todos ellos han sido y continúan siendo maestros de la familia humana, desde sus diferentes visiones del mundo.
Luego de un breve recorrido histórico, se procura rescatar ideas valiosas del pasado para enriquecer y complementar las más recientes, no con el propósito de definir al MAESTRO, sino para descubrir sus valores y captar el significado profundo de su misión y compromiso como potenciador del conocimiento, y modelo ético- axiológico, ya que ésta es la razón de ser de su labor pedagógica.
Se coloca en escena las características esenciales que distinguen al maestro líder, quien no ha de limitarse a ser un simple profesional de la educación, un académico encasillado y enclaustrado en la torre del saber, ajeno a los acontecimientos culturales, políticos, sociales y económicos de su contexto, sino un formador auténtico, un trabajador de la cultura y por ende un defensor de la vida.
También en este mismo escenario se enfatiza en la importancia de ligar su trabajo en el aula con la vida cotidiana, fuera del ámbito académico, en el sabio manejo de las preguntas y las respuestas. El perfil del maestro líder que exige el tercer milenio se articula con las necesidades de formación permanente, él ha de conservar su imagen social como agente generador de conocimiento y de cambio, poseedor de una visión creadora que le permite trascender la rutinariedad, la costumbre mecánica del trabajo diario y la repetitividad que conduce al estancamiento.
Si la educación es deficiente y adolece de hondos vacíos, es porque aún no se ha alcanzado a plenitud el perfil del maestro idóneo que se requiere para operar las transformaciones sociales exigidas por el nuevo siglo; para lograrlo, es preciso atender a las necesidades inherentes del profesional de la educación, tener claridad sobre lo que significa ser y actuar como maestro.
ENTONCES: El por qué el mobbing o matoneo en la clase, el por qué de las relaciones confusas de poder de este profesional ante sus estudiantes que conversa en el hito de la pedagogía de la incertidumbre por decisiones y comportamientos que generan sospecha y que contradice los sagrados principios contenidos en el catálogo de lo ético, lo moral por costumbre ante esta población inerme, esperanzadora: SUS ESTUDIANTES, que se preparan y forman desde su postulado y doctrina sin igual.
La figura del maestro, en la antigüedad, adquirió relevancia principalmente en el terreno educativo, en la formación espiritual y moral de la niñez y la juventud. Entre los griegos, la educación no era concebible sin la presencia venerable del sabio maestro, máximo guía y conductor de la sociedad.
Es preciso hoy más que nunca preguntarse si la sabiduría está fundamentada en la autoridad de quien enseña, y sobre todo, a través de sus acciones. Por consiguiente, la verdadera AUTORIDAD no violenta a nadie, no obra por imposición, sino por convicción. Su fuerza brota del mismo fondo de la vida. Por tanto, la autoridad es, a diferencia del poder, una fuerza moral que se impone de manera serena y tranquila y es aceptada de buena gana, porque es el fruto de la autenticidad. La autoridad se basa en la experiencia de quien ha transitado por la vida vivenciando los valores sociales, es una total coherencia entre lo que dice y hace, lo que exige y da.
Es así como el maestro debe enseñar con autoridad, que significa dominio del conocimiento y fuerza moral que brota de su experiencia y autenticidad. De aquí surge el testimonio de vida y la congruencia de quien comunica un saber. Lo que caracteriza al maestro es la sabiduría, la autoridad y la libertad, puesto que la sabiduría misma se relaciona con la vida no sólo con el conocimiento y la ciencia; es, además, el arte de juzgar rectamente las cosas, los acontecimientos humanos y, sobre todo a las personas; significa también asumir serenamente la realidad de la vida y encontrar el verdadero sentido en ella, referirse al sentido de lo humano y también de lo divino, es el arte de valorar justamente las situaciones y de ejercitar la prudencia en la forma de actuar, proceder con rectitud y buscar la justicia.
El maestro del nuevo milenio manifiesta actitudes de liderazgo basado en una cultura humanizante o de desarrollo integral de la persona; está llamado a constituirse como un nuevo ser humano, un acompañante y no un protagonista.
El maestro en su quehacer docente debe estimular en los educandos el aprender a conocer, comprendiendo el mundo que lo rodea para vivir con dignidad, desarrollar sus capacidades profesionales y comunicarse con los demás: el aprender a hacer, es decir, enseñarle cómo poner en práctica sus conocimientos y al mismo tiempo, cómo adaptar la enseñanza al futuro mercado de trabajo, desarrollando competencias de manera que lo capaciten para hacer frente a un gran número de situaciones y trabajar en equipo; el aprender a vivir juntos, mediante la comprensión del otro y de la percepción de las formas de interdependencia, respetando los valores de pluralismo, comprensión mutua y paz; el aprender a ser, esto es, contribuir al desarrollo integral de cada persona: cuerpo y mente, inteligencia, sensibilidad, sentido estético, responsabilidad individual y espiritualidad, por medio del desarrollo del conocimiento autónomo, crítico y transformador, elaborar un juicio propio para determinar por msí mismo qué debe hacer en las diferentes circunstancias de la vida.
El primer paso que debe tener en cuenta el maestro, es quitar del propio espíritu y del ajeno el temor a la libertad. Los humanos, individualmente y en la sociedad, experimentan un natural temor ante la autonomía, tal vez por recelo a lo desconocido, prefieren la comodidad de lo conocido y seguro a la incertidumbre de los caminos que han de construir. Por tanto, el maestro debe, ante todo, ser un animador en la educación para la autonomía, antes que pastor de conformistas.
El maestro de la libertad debe armarse de enorme comprensión ante las fallas y los desfallecimientos de sus estudiantes, puesto que nadie nace aprendido, ni en el breve término de un día madura el fruto ni la espiga grana. Desde luego, debe respaldarse la sana crítica y las juiciosas innovaciones, al ritmo cambiante de las circunstancias. El verdadero educador forma para la vida auténtica, la verdad y la libertad. Por ello, él mismo ha de ser un modelo de libertad para los educandos.
En conclusión, para responder a las exigencias del mundo actual, se necesitan no solamente científicos y técnicos, sino, ante todo, hombres y mujeres sabios o maestros que iluminen a los demás y los conduzcan por los senderos de la vida, teniendo como centro del proceso educativo la totalidad de la persona, sin ceñirse al cultivo de estrecha porción intelectual, por razón de lo que enseñan; sino que esculpan la escultura, efigie íntegra del ser como el artista el cuerpo entero de su obra, formando el todo, no la parte, respetando en el estudiante la insondable solemnidad del ser humano.
Lo anterior significa asistir y presenciar el alumbramiento del aprendizaje que es el des-cubrimiento de la verdad. El maestro real, no tan sólo ideal, se encarga de iluminar mentes y corazones con esa verdad única que no conoce las limitaciones impuestas por el relativismo secular, que es la del aprender a ser persona. Es aquí donde radica su misión constructiva
En su tradicional día del educador 15 de Mayo de cada anualidad, al maestro siempre se le cuelga en su memoria la seria prueba y responsabilidad de contribuir en la formación de sus educandos con mentes abiertas; potenciar el trabajo en colectivo, solidario, gregario y prolongar en su sensibilidad un espíritu grato, generoso de mirada perenne hacia su familia que le ve crecer.
Maestro felicitaciones en su tradicional día. Pórtate siempre seguro, confía en lo que has hecho bien y rodeado solamente de la buena práctica desde el ejemplo, deja que su nombre y apellido como acuarela tiña el escudo y la letra de los himnos institucionales.
Nhr.


